Revista
LUGARES Nro. 68
Pág. 46-49
Por: Julia Caprara
REVISTA LUGARES
VILLA LA ANGOSTURA
El pueblito es pura paz, apenas alborotada por un módico y amable bullicio cuando los jóvenes y no tan jóvenes se reúnen -a cualquier hora- en Nativa, sobre la calle principal, para ver pasar la vida, tomar café, cerveza, comer pizzas o hamburguesas, tradiciones locales -desde hace décadas- a las que por estos días se incorpora un ibérico tapeo. No hay que ser adivino para saber que el destino de todo aquel que visite La Angostura es caminar por Arrayanes, avenida que recorre el centro comercial de punta a punta. Allí una nueva galería concentra comercios de todo tipo, sin quitarle a la villa el look de pueblito de cuento. Pasee sin prisa por La Aldea, una sucesión de pequeñas sorpresas: para sibaritas, hay tabacos, champagnes y delikatessen de todo tipo; deportistas y aventureros cuentan con sofisticados accesorios de pesca y los mejores cuchillos de hojas alemanas.
En cuestiones gastronómicas La Angostura ha logrado en los últimos años avances espectaculares. La Macarena, dirigida por Leo Morsella, es un ejemplo. Reúne en un menú de lo más diverso platos regionales y cocina de autor, con algunos caprichos gourmet y buena bodega. Las Tres Caracolas, el restaurante que la joven Sol Montes maneja desde hace dos años en Las Lomas del Correntoso, suma calidad a la propuesta de las cómodas cabañas, manteniendo la tradición de sus crépes, fondues y raclettes. Una opción que seguramente atraerá a los jóvenes es la nueva cervecería Cardiff, que abrió con tentadoras tablas y gran variedad de cervezas nacionales e importadas. El asado tiene sus baluartes en los conocidos Las Varas y Los Troncos, a los que se sumó un nuevo vecino, El Boliche de Alberto, clásico barilochense que puso sucursal en la villa. Para comer de todo, con algunos tics tex-mex, abrió El Mentidero de la Villa, otro emprendimiento de Carlos Cervera, que comparte la dirección del restaurante con las cabañas y hostería de Pichi Rincón.
En La Angostura, si hablamos de alojamiento, hablamos de cabañas. Como Las Torres del Bayo, frente al imponente cerro ídem. Una alternativa cómoda y sencilla, con un toquecito exótico es Taio, a cargo de Adrián y Miho, joven y realmente encantadora pareja de argentino casado con japonesa. Miho prepara comida nipona para sus huéspedes y por encargo. Varios habitués me recomendaron con fervor digno de crédito sus destrezas gastronómicas.
Otra opción es Puerto Arauco, entre cuyas ventajas no es nada desdeñable la de estar frente al increíble Nahuel Huapi. Sus cabañas son amplias, están perfectamente equipadas y decoradas, tienen buenas camas y baños con hidromasaje. Para presupuestos más restringidos, las cabañas de La Posta son una buena elección.
Si muere por las artesanías o los muebles autóctonos, no deje de curiosear en el encantador local que María Paz y Ernesto Alvear tienen en medio del bosque. La mayoría de los muebles son obra de Ernesto, y hay, además, alucinantes tejidos idos y cerámicas de la zona. Tampoco deje pasar el taller de telar de Susana Di Lorenzo y, de paso no se pierda los objetos de plata que hace su marido, Pedro, inspirado en el arte mapuche.
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