Revista LUGARES Nro. 51
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Por: Soledad Gil
REVISTA LUGARES
VILLA LA ANGOSTURA
La "villa", como le dicen en la zona a La Angostura, está en boca de todos. Nuevos loteos, un boulevard en construcción y el proyecto de la avenida de circunvalación que evitará que los camiones pasen por el centro del pueblo, son las grandes novedades del lugar.
Mientras tanto, su bosque frondoso de coihues altos y copa oscilante forma todavía esos sectores oscuros y secretos, donde la luz se cuela apenas en contados rayos. Casi dan ganas de tocarla, de subir por los senderos improvisados entre escaleras de raíces e intentar asir esa luz, un bien por demás escaso en el corazón del bosque.
Por su parte, los clásicos -fieles a su estigma de tales- continúan abonando la leyenda. Las Balsas sigue siendo la casa que todos soñamos tener alguna vez. O siempre, sólo que conscientes de que, al menos así, no la tendremos nunca. A su decoración exquisita añade el encanto de una vista única, lago en cada rincón y la novedosa propuesta del spa: piscina in/out, sala de masajes, ducha escocesa y sauna. Ir de allí hasta al Llao Llao en barco, o al revés, son paseos para hacer en grupo y divertirse en grande. Pasar unos días en Las Balsas es vivir un poco esa fantasía de la perfección posible.
Otras buenas alternativas son la practicidad de los espaciosos apparts de Las Lomas del Correntoso, o el servicio y la vista generosa de La Posada, a orillas del Nahuel Huapi. Un poco más allá, en la unión entre el Nahuel Huapi y el Lago Correntoso, se rumorea mientras tanto, la posibilidad de que el legendario Hotel Correntoso reabra sus puertas como en los tiempos de Francisco, su creador, hijo del pionero Primo Capraro. En el capítulo gastronómico, categoría de ya clásica tiene La Casita de la Oma que, con diez años en la villa, pelea a pura torta el podio con la más nueva casa de té Cielo Verde. Para la hora de la cena, el restaurante de Las Balsas y la novedosa oferta de La Macarena se anotan entre lo mejorcito. Pero hay que ver qué es de la segunda etapa de Waldhaus, de Betina y Gastón Mulas. Acaban de inaugurarlo en la casita con techo de pasto que el año pasado abrió Rudy Luegmayer. Es un calco de la que él mismo tenía en Cariló hasta que decidió abrir su sucursal hermana a la vera de la ruta patagónica. Sus flamantes dueños Betina y Gastón planean mantener la onda de la casa, aunque abonarán desde la carta el estilo de restaurante de cocina suizo-alemana que los convirtió en una de las mejores propuestas de la villa.
Fanático, Peregrino, Eladia y Pulmarí constituyen la flota de Gustavo Najda y Marcelo Gómez Maggi. Preste atención especial al último navío, con parrilla, dos camarotes, cocina y baño con bidet!!! Gustavo y Marcelo son dos porteños que viven hace 20 y 10 años en La Angostura por elección propia y amor a esa vida de navegación y pesca. El Pulmarí es el barco para salir a voluntad y dejarse atender por ellos. Están atentos a todos los detalles y basta que alguien diga que le gusta tal vino, tal chocolate o tal música para que nada de eso falte en futuras salidas. Convencidos de que las mujeres no deben padecer las excursiones de pesca de sus maridos, ni aburrirse mudas como moluscos en un bote, ellos les imprimen a sus programas toda la diversión que puede darse a bordo, música y juegos para niños incluidos.
El circuito a pie por la península de Quetrihué hasta el bosque de arrayanes, la navegación hasta su muelle o a la isla Victoria, y la caminata de un kilómetro hasta la cascada Inacayal son las salidas preferidas del trekking liviano. El Cerro Bayo en verano es ideal para subir la mountain bike en la aerosilla y bajar a los saltos y piruetas. Y regalarse la mejor vista del Nahuel Huapi, el Correntoso, el Espejo... los lagos de la región que acabó conquistando a quienes llegaron con
afán de conquistadores: entre esos bosques, ciervos y cascadas, no hay cazador que no salga cazado.
Hace poco que Bariloche, San Martín y La Angostura gozan, al menos parcialmente, del beneficio de combustibles más baratos: con un 30% de descuento respecto del resto del país, la nafta cotiza a $0,70 el litro. No precisábamos más excusa para lanzarnos a comprobar la belleza de la ruta de los Siete Lagos. Son poco más de 100 km y aún faltan 60 por pavimentar, pero más allá del polvo, no hay con qué darle a sus paisajes.
Villa Traful está a 60 km de Villa La Angostura y a 104 de San Martín de los Andes por la zigzagueante pero imperdible ruta 65. El lago es una lengua larga y azul que se encrespa con el viento y se adormila por las mañanas. La villa, una joyita intocada entre estos dos polos de creciente desarrollo. Hay quienes dicen que es el ripio, otros aseguran que no hay terrenos disponibles. Como sea, la plaza de Traful se adivina entre tulipanes florecidos plantados en discreta geometría, se destaca la flamante iglesia en la cima de una toma. Dos restaurantes, dos hosterías, un par de cabañas y eso es todo. Pedir más sería lujuria. Enverano puede visitarse el "bosque sumergido", enfundado en grueso traje de neoprene: se trata de un bloque de montaña que se hundió con cipreses y todo, y se conserva intacto bajo el agua. Los buzos y la organización de la excursión vienen de Bariloche, lo que es esperable por las dimensiones de la villa.
Los "nacidos y criados" de Traful se cuentan con los dedos de las manos. Una de ellos es Irma Martí, a quien todo el mundo conoce como Jacqueline, excepto el señor que tuvo la responsabilidad de anotarla en el registro civil hace 60 años y le dijo a su mamá que ese nombre era muy difícil, que se buscara otro. Irma-Jacqueline es hija única y fueron sus padres quienes abrieron en 1940 el primer emprendimiento turístico del lugar, la hostería Villa Traful. Hoy el lugar tiene cuatro habitaciones y cuatro cabañas a muy buenos precios. Está ahí nomás del lago, pero un vecino plantó cipreses justo delante y le tapó toda la vista. Ella tiene recuerdos anteriores a ese bosquecito, y además señala en la pared la foto de sus padres frente a la hostería con el Traful detrás. El terreno tiene un jardín maravilloso, poblado de flores y frutales. Jacqueline no sirve cena. Para eso hay pocas pero apetitosas opciones: Ñancu Lahuen, donde la trucha es un manjar (es además casa de té y chocolatería) y la parrilla La Terraza. Abierta hace dos años por Anselmo Zapata y Marta Maliandi, está emplazada en la cumbre de una escalera que se hace larga... pero llegar con la lengua afuera tiene su recompensa. La vista del lago y la barranca son el marco perfecto para las carnes de cerdo, chivito y cordero que prepara el platense Anselmo porque "vaca se come en Buenos Aires". Anselmo recorrió durante años la Patagonia con sus hijos hasta que alguien le sugirió después de mucho tiempo pasar por Traful. Fue pasar una vez y quedarse para siempre con su mujer. ¿Que qué opinan sus hijos? "Ustedes son unos inconscientes", les dijeron cuando les avisaron que se iban para radicarse. Pero de esa terracita no los mueve nadie. Y ahora sus nietos hacen de mozos durante la temporada.
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