Revista
LUGARES Nro. 47
Pag. 78 - 89
Por: Soledad Gil
Fotos: Federico Quintana
REVISTA LUGARES
USHUAIA
Enrique Vivian avanza entre centollas y merluzas negras en Kaupé.
Hernán Ferrari, entre lagos y bosques de lengas con la 4x4 de Canal.
Jorge Trabuchi, en el mar, a bordo de su velero Callas, el segundo
con bandera argentina en llegar a la Antártida. Si ladran los huskies,
seguro que por ahí anda cerca Tony Ocanto. Super atenta y con una
sonrisa, Belén Rodríguez Zubieta está "atornillada" a Las Hayas, el
mejor hotel de Ushuaia.
¿Con una cámara de fotos? Altas probabilidades de que sea Eduardo
Poca¡, o su discípulo Gustavo Groh, disparando sobre algún rayo de
sol al atardecer. A María Silvia Bouteiller se la puede encontrar
en cualquier lugar de la isla o el mundo, menos en su oficina: es
un espíritu inquieto y una guía profesional. Oscar Sigel aprovecha
los pocos ratos libres que le deja su restaurante Tía Elvira para
partir de expedición hacia algún rincón desconocido. Con las botas
puestas y rodeada de perros ovejeros, esa es Annie Luna, de estancia
Rolito. Y si viene cuesta abajo en el Cerro Castor, seguramente será
un miembro de la numerosa familia Begué, que está al frente del flamante
centro invernal de Ushuaia. Todavía faltan unos cuantos para completar
los 40 mil habitantes de la ciudad, pero a todos estos personajes
y muchos más conocimos en cinco días al sur del paralelo 52.
La llegada en avión es sólo un anticipo de lo que vendrá. Desde arriba,
la inconsistencia de las nubes se superpone a la definición nevada
de la geografía fueguina. Blanco nubiloso sobre blanco níveo. Las
fábulas deberían tener en cuenta a esta porción del hemisferio sur.
Pero por algún motivo, el imaginario de "paraíso" incluye trópico
con palmeras, papagayos y cascadas de aguas tibias, y refuta esta
combinación de canales azules entre islas, faros, pingüinos, glaciares,
lobos y cormoranes. Por otro lado, a Papá Noel -a quien el clima le
sentaría de maravillas- la distancia no lo ayuda. Sobre todo si se
trata de hacer el viaje en reno, en lugar de optar por el Concorde
como hizo ya un grupo de turistas millonarios este verano.
9:30 AM. En invierno, Ushuaia tiene amaneceres ideales para remolones.
Y noches que harían las delicias de noctámbulos: largas como las sombras
que proyecta el sol durante el corto día. El mediodía apenas calienta
la capa de agua congelada sobre las resbalosas veredas. El puerto
aloja sólo a un par de pesqueros sin apuro. Uno, el Tai An, es rojo
brillante. El otro, Canal Beagle, negro marino. Anclados allí desde
hace días, parecen los dueños del kilométrico muelle que arde de trasatlánticos
y rompehielos de diciembre a marzo.
Nieva en la reserva de Tierra Mayor. Los ojos de los huskies parecen
más celestes. El pelo les brilla y el sonido de sus pisadas es absorbido
por la nieve mientras arrastran los trineos. El esfuerzo se hace visible
con cada expiración en el "humito" que les ronda alrededor del hocico.
Sus genes lobunos se activan de felicidad con el frío. El invierno
les pertenece.
Ushuaia es, quién no lo sabe ya, la última ciudad del mapa. Sin embargo,
así de final como parece, ocupa en realidad el centro exacto del territorio
nacional, la mitad de la línea recta imaginaria que va de La Quiaca
a nuestro pedazo de polo sur. Además, es la ciudad más próxima a la
Antártida, a unos mil kilómetros de distancia, mientras que Australia
y Nueva Zelandia están a más de dos mil. Por eso, si sólo el 37% de
los barcos que iban hacia allí pasaban por su puerto en 1985, hoy
e192% considera a Ushuaia paso obligado rumbo al continente blanco.
La escalada coincide con el interés creciente del lugar: en el `85
llegaron hasta allí sólo 544 pasajeros. Trece años más tarde se registra
un crecimiento del 1.724%.
Y es que si la atracción del fin del mundo es difícilmente resistible
para los aventureros, la idea de 14 millones de kilómetros cuadrados
cubiertos por hielo es definitivamente magnética. El aspecto general
es el de una meseta cuya altura alcanza en el polo sur los tres mil
metros, de los cuales 2.700 corresponden al espesor del hielo. Musgos
que desafían con su vida al frío, intrépidas colonias de fauna marina,
volcanes y una mínima récord de 88,5°C bajo cero, son el motor de
esos pocos corajudos que son cada vez más.
Por la alta latitud y la pobre insolación del lugar, en la Antártida
las tormentas son sordas, sin truenos ni relámpagos. La Argentina
tiene allí 13 bases: seis permanentes y siete temporarias, que suelen
ser visitadas en los desembarcos en zodiac.
Desde Ushuaia pueden conseguirse cruceros con precios de "último minuto".
No son económicos, pero cuestan exactamente la mitad de lo que pagan
los europeos con meses y meses de anticipación. Sin grandes lujos
-ni cantidad de plazas disponiblesse consiguen desde $2.500 por diez
días.
Federico y yo aterrizamos en el magnífico aeropuerto de Ushuaia el
día que empezaba el invierno, y nos dedicamos a quebrar mitos nomás
llegar. "Uy, el frío que vamos a pasar...". Error. Mi conclusión es
que uno va más preparado a estas latitudes y acaba pasando más frío
con pantalón de sarga y zapatos en Buenos Aires, que abrigado hasta
las orejas como va a Tierra del Fuego. "Uy, cómo vamos a dormir con
días que empiezan a las diez de la mañana y se acaban a las cinco
de la tarde", pensamos. Otro error. El primer día caímos a las 19:30
en Kaupé, sin mucho apetito, pero completamente desorientados por
la oscuridad absoluta que reinaba desde las 18. Comimos una crepe
de centolla gloriosa, una merluza negra muy sabrosa, un postre...
No eran las 21 cuando aparecieron Ernesto y Tesi a saludar y charlar
un poco. Suficiente para que entre café y lemoncello se hiciera la
una de la mañana como si nada.
Llegaron hace 20 años cuando a él lo trasladaron por su trabajo en
Gas del Estado. "Tanto gas, tanto gas, que al final terminé entre
las hornallas", bromea. "Con la crisis del `89, los amigos que nos
reuníamos una vez por semana para salir a comer, decidimos recortar
el programa y encontrarnos un sábado en cada casa". Al poco tiempo,
la rotación se estancó en "Ernesto cocina" y Ernesto acabó abriendo
Kaupé -que significa "estar en casa"- en 1990.
En Ushuaia, Ernesto y Tesi tuvieron sus hijos que son auténticos "nyc"
(nacidos y criados) a diferencia de sus padres que son "vyq" (venidos
y quedados). Tesi recuerda el tiempo en que en la ciudad no había
colectivos, antes de la explosión que trajo consigo la Ley 19.640
de promoción industrial, sancionada en 1972. La isla tenía entonces
unos 13 mil habitantes, que llegaron a 70 mil en 1990. "Esto era la
isla de la fantasía", recuerda. "La gente venía buscando trabajo en
las industrias que se instalaban amparadas por la ley. Se hacía la
casa en terreno fiscal -toda la zona lo es-, y como aquí se pasa mucho
tiempo adentro por el frío, terminaban primero el interior, y las
dejaban sin terminar por afuera". La explicación se verifica fácilmente
con un merodeo mínimo. Por suerte, hay consenso en que las autoridades
están tratando de poner orden y limitar la construcción indiscriminada
que dio como resultado la anarquía urbana color cemento que tienen
muchos barrios de la ciudad.
Pero basta ir hasta el puerto y caminar 20 metros por el muelle para
tener la mejor vista de la villa con el monte Olivia en un extremo,
el Martial detrás y los techitos colorados que garantizan la reconciliación
incondicional.
Otra
posibilidad de someterse al dulce riesgo de enamorarse para siempre
es alojarse en Las Hayas, y vivir a cuerpo de rey. El hotel está en
la zona conocida como "villa turística" que intenta preservar el área
de la superpoblación de casas y casitas. Y lo consigue mejor que bien.
Su ubicación es privilegiada. La eligió Héctor Rodríguez Zubieta en
1993. Emprendedor de profesión, cuando Héctor dijo "es aquí", le dijeron
"bueno, pero aquí es un cinco estrellas". A Héctor y a Celia, su mujer,
no les tembló el pulso. Y ahí están las 92 habitaciones impecables,
el restaurante en el que se comen unos sorrentinos de centolla inolvidables,
y en el que conserjes y recepcionistas son un dechado de amabilidad.
Nos recibió Belén, hija de ambos y fiel heredera del cargo de excelsa
anfitriona, secundada por su pequeña Sofía, la benjamina del hotel.
En Las Hayas, mirar por la ventana es un lujo, comer, un placer; y
dormir, una bendición otorgada por una trilogía infalible: almohada,
habitación y entorno supremos.
A las nueve, aún de noche, apareció Hernán Ferrari en su Land Rover
listo para mostrarnos los mejores ángulos del Lago Fagnano. El y su
socio Alvaro Pintos son expertos guías y devotos de la Patagonia.
Se juntaron para formar Canal hace un año y medio, convencidos de
que Tierra del Fuego daba para mucho más. Lo comprobamos apenas llegamos
a la costa de piedras negras y redondas sobre la que el Fagnano hace
olas con aspiraciones de mar. El cafecito que nos tomamos callados,
con el viento de frente y el sol que intentaba alzarse arrojando rayos
oblicuos terminó de convencernos: esa es "la" manera de conocer el
gran lago de la isla. Quienes gusten de esa vida lacustre y contemplativa,
sin demasiadas aspiraciones, tienen la opción de prolongarla en la
hostería Kaikén, cerca de Tolhuin. Más cuidada está la Hostería Petrel
sobre el Lago Escondido. También está la opción de los refugios en
los centros de esquí de fondo cercanos a la ciudad como Haruwen, Las
Cotorras, Tierra Mayor, Altos del Valle, Solar del Bosque, entre otros.
Además del asado en el Fagnano, entre los programas de Canal figura
el avistaje de castores (en primavera, cuando entran en actividad
algunos de los 50 mil ejemplares que se reprodujeron a partir de las
21 parejas introducidas en 1947); un trekking por el Parque Nacional
y navegación en canoas.
Pero lo que se mueren por organizar Hernán y Alvaro es la visita a
la Península Mitre, el extremo sudoeste de la isla, y a la estancia
Policarpo, que tiene una vista fantástica y los restos del navío Duquesa
de Albany, cuyo extraordinario mascarón está en el Museo del Fin del
Mundo, en Ushuaia. Es uno de sus lugares preferidos, pero la logística
no es fácil. Tierra del Fuego tiene una sola ruta nacional, la 3.
El resto, una decena de caminos provinciales con letras de la "a"
a la "j", se desprenden de la ruta 3 y cubren las zonas más pobladas
de la provincia. Lo que no es mucho, si se tiene en cuenta que las
ciudades son Ushuaia y Río Grande -a la que los locales llaman "Grande"
a secas- con 40 mil habitantes cada una; seguidas por el pueblo de
Tolhuin de mil pobladores, y chau. Acabóse la civilización. Le sigue,
por ejemplo, Rancho Hambre, el campamento de Vialidad donde Telefónica
filmó aquel aviso de "¿sabés de dónde te hablo?".
El camino "j" bordea el Canal de Beagle a lo largo de las clásicas
estancias Harberton y Moat. No llega ni siquiera a la Bahía Sloggett
y de allí al extremo continental faltan unos 100 km. "La costa, sobre
todo la norte, tiene unos paisajes increíbles y hace tiempo se recorría
con una combinación de 4x4 y barco o gomón". Pero la logística es
muy complicada y los mares del estrecho Le Maire mucho más. "Las estancias
de la zona están abandonadas o tienen un puestero solo, al que abastece
Prefectura", nos contó Hernán mientras nosotros ya delirábamos con
andar por ahí como Magallanes del próximo siglo. Pero la noche se
desplomaba vertiginosa y queríamos pasar por el Valle de los Huskies
a conocer los siberianos de Tony Ocanto.
Tony
se enroló en la marina y pidió que lo mandaran a la Antártida hace
más de 20 años, sólo para tener contacto con sus bienamados huskies.
Hoy es un musher de ley, responsable de los 40 huskies que agitan
sus colas en el viento helado apenas alguien llega a la puerta. Salen
de sus cuchas de madera y ladran excitados. Esperan mimos, y cómo
negárselos. Con esos ojos... Tony desafía a los humanos a sostener
la mirada con un husky. Ir más allá de sus pupilas es adentrarse en
su alma, asegura. Y no es fácil animarse a comprobarlo.
Tony corre profesionalmente en sledge, entrena y cría perros y hasta
encuentra tiempo para enseñarles el oficio a los chicos. Para el 10
de agosto, su colega el Gato Curutchet y otros fueguinos apasionados
de las carreras de trineos, tienen planeado el encuentro internacional
que promete más de 20 equipos de Tierra del Fuego, Buenos Aires, Europa
y Canadá, entre otros. Es uno de los eventos más esperados junto con
la Marcha Blanca de esquí de fondo, el Encuentro Nacional de Escultores
de Nieve y el Rally del Fin del Mundo. El, 31 de diciembre en este
rincón del planeta es todavía una sorpresa, pero aseguran que se las
traen. Tony, fiel a su pasión por perros y chicos está organizando
una Búsqueda del Tesoro, con pistas escondidas en todo el valle. Ese
día obviamente también nos quedamos charlando, y nos acostamos tardísimo.
A las ocho, como estaba combinado, aparecieron Demetrio y Josefina
Martinelli. Son esposo e hija de María Silvia Bouteiller, la directora
de Turismo de Campo, una agencia full-service pero que tampoco se
apasiona con las multitudes. Por eso, diseñaron excursiones no convencionales
como la que nos invitaron a compartir: conocer Rolito, una estancia
fueguina auténtica, con su propietaria más auténtica todavía. Se trata
de la encantadora Annie Luna, que en el camino nos avisó por radio
que había logrado descongelar los caños de gas y nos esperaba con
la casa calentita y un pollo a la cacerola delicioso.
Apenas
bajamos de la camioneta, nos recibieron unos diez de sus 27 perros
barbuchos -una cruza sin pedegree que trabaja con maestría las ovejas-
a los saltos y con el hocico cubierto de nieve. La estancia está en
pleno "ecotono", como llaman aquí al paisaje que se adueña de la isla
al salir de la cordillera y antes de convertirse en llana estepa.
Nevado, es un dominio blanco que refulge en destellos oscilantes y
continuos. Salimos a caminar con Annie y su perra preferida, Leña.
El ladrido de los demás perros y el crujido sordo de la nieve bajo
nuestros pies fue la banda sonora que acompañó nuestra excursión al
galpón de esquila y demás dependencias de la estancia.
Yo
estaba fascinada con los pastos helados. Esos que son un penacho de
amarillo intenso el resto del año y se convierten en un manto de palitos
duros y blancos cuando la nieve ejerce sobre ellos todo su poder.
Los cuentos de Annie sobre su abuelo Sebastián, que fundó la estancia
en 1927, y su padre Rolo -ambos dentistas, y los primeros del lugar-
animaron el almuerzo. Su mamá -nos contó ella- es francesa y nunca
terminó de adaptarse a la vida en 17 mil hectáreas inhóspitas. "Hay
partes que nunca conoció, de las que yo le hablo y me mira...". Educada
en Buenos Aires, Annie nunca dudó en volver a sus pagos a hacerse
cargo de Rolito. Y hay que oírla contar cómo ella y sus vecinas (vecinas
de unos cuantos kilómetros), manejan a los peones cuando están solas.
El sol ya estaba haciendo de las suyas, así que Demetrio y Josefina
tuvieron que arrancarnos de la mesa para llevarnos hasta el Cabo San
Pablo, sobre el Atlántico.
Nos hubiera encantado quedarnos un rato más con Annie, pero es cierto
que el faro torcido desde el terremoto del `49 y el Desdémona, el
barco varado ahí nomás de la playa, son un espectáculo que hay que
ver. Encalló en el `84, en un lugar casi absurdo, si no fuera porque
no hay lugares absurdos en el mar. La tormenta que lo arrastró debe
haber sido brutal. En verano, cuando el agua es más templada y la
marea está baja, es posible subir al navío cementero. Ya no le queda
nada, excepto espacio para escribir más grafitti en su oxidada superficie.
Pensar que a alguien se le ocurrió alguna vez trasladarlo hasta Ushuaia
y convertirlo en una disco...
Desde allí, los Martinelli organizan en verano una cabalgata de diez
días por la costa, que llega hasta la dichosa Península Mitre. No
es para principiantes y hay que tener en cuenta que la huella va paralela
al mar, por lo que las mareas pueden retrasar el paso. Pero, efectivamente,
el panorama es prometedor.
Al otro día amaneció nublado y lluvioso. Nos tocaba día urbano, lo
cual incluye como ítem primero e ineludible al célebre Presidio. Los
cinco pabellones tienen una estructura digna de aquel Vigilar y Castigar
de Foucault. "¿Habrá pasado frío el Petiso Orejudo?", nos preguntamos
nomás entrar. Aún hoy, inofensivo y medio herrumbrado, el edificio
provoca escalofríos. Pero tanto el Museo Marítimo, con historias apasionantes
de naufragios y expediciones, como el de la ex Cárcel están impecablemente
organizados y resultan muy interesantes. Hay réplicas en yeso de los
presos famosos que pasaron temporadas eternas en ese lugar: además
del maléfico Cayetano Santos Godino, estuvieron también Mateo Banks,
Simón Radowitzky... una caterva de ilustres villanos que acabaron
sus días entre rejas.
Hasta 1947, cuando el gobierno decidió cerrar la cárcel, Tierra del
Fuego estuvo asociada a la reclusión y el peligro. La Cárcel de Reincidentes
funcionó en la Isla de los Estados hasta 1902, cuando por razones
humanitarias la trasladaron al oeste de la ciudad capital. La construcción
demoró casi 20 años y fue realizada por los mismos presos. Tenía 380
celdas unipersonales, pero llegó a albergar a casi 700 prisioneros.
A la salida, la lluvia no menguaba así que nos tomamos un café en
el mítico Volver, el restaurante-café del sanjuanino Lino Adillón,
cubierto de piso a techo de papel de diario. Almorzamos en Tía Elvira
con Oscar Sigel, el hijo de la legendaria Elvira, pionera de la zona.
Llegó en el `58 de aldea San Juan, el pueblo entrerriano en el que
está radicada la colonia rusoalemana del Volga a la que pertenecen
los Sigel. Elvira fundó primero La Cabaña y Tante Elvira en el `78.
Hace tres años, Oscar se hizo cargo del restaurante, al que rebautizó
en español, con mudanza incluida a la costanera avenida Maipú. "En
verano hay cola afuera", nos contó Oscar, que de todos modos ni sueña
con ampliar el salón porque "perdería la esencia de su cocina".
Frescas, caseras y originales, las recetas heredadas de su madre comparten
el clima del lugar, poblado de fotos y recuerdos de la Ushuaia que
él conoció, antes de la Ley 19.640. Cuando todavía no era la isla
de la fantasía. Qué va. Si apenas se sacaba de encima el estigma de
la prisión para pasar a ser todo lo contrario. En invierno, Ushuaia
tiene la lucidez de un paraíso helado. |