Revista
LUGARES Nro. 93
Pág. 50-61
Por: Julia Caprara
Fotos: Alejandro Peral, Carolina Aldao, Federico Quintana y Archivo
Lugares
REVISTA LUGARES
SEMANA EN SAN MARTIN DE LOS ANDES
Llegamos a la Hostería Cerro Abanico, que está sobre la RN 234, a
4 km al sur de San Martín, ahí donde comienza la bajada al camping
de playa Catritre, -sobre la izquierda- y frente a las encantadoras
cabañas de Paihuen.
En una pronunciada lomada, la hostería -inaugurada en agosto- se adueña
de la escena; un mirador a los vastos dominios de los descendientes
del cacique Curruhuinca, en Ouila Ouina. El Cerro Abanico también
se impone en el paisaje y asoma por los amplios ventanales, su ladera
escarpada en la quietud del lago Lácar. La recepción parece el living
de una casa, mezcla de refugio de montaña con muebles de estilo. Tan
acogedor hospedaje está atendido por su propio dueño, Pablo Saravi.
Tomamos la ruta que va a Junín de los Andes, rumbo al norte. Es decir
que enfilamos por la RN 234 -columna vertebral de la zona- y cubrimos
los 88 km de asfalto. Luego de atravesar el casi desértico paisaje
por el que corre el río Chimehuín, desagüe del Huechulafquen, las
pampitas empezaron a aparecer cada vez más seguido. Con los coihues
altos despuntando aquí y allá, supimos que la espectacularidad del
lago estaba cerca. Los últimos 14 km no están pavimentados y son,
por lo tanto, difíciles de transitar en invierno.
Sobre el Huechulafquen está la hostería homónima sólo abierta en temporada
de pesca, igual que su vecina, la Hostería Paimún. Desde el lago Paimún,
una senda conduce hasta El Saltillo, caudalosa caída de agua a la
que puede observarse también por detrás: entre la cascada y la roca
hay suficiente espacio como para pasar sin mojarse. La caminata dura
menos de una hora.
Después
de Puerto Canoa aparece la Unión: es el punto donde al lago Huechulafquen
le salen, en su cabecera norte, dos brazos conectados por angosturas.
Estas subdivisiones reciben nombres propios -Paimún y Epulafquen-
como si se tratara de dos lagos independientes.
Más nos acercábamos a la cordillera, más nos embobaba la silueta del
volcán Lanín junto a la irregularidad que determina la figura larga
del Huechulafquen. Siempre pensé que el Lanín y el Fuji -la montaña
más alta de Japón- eran idénticos. Comprobé que además de parecerse
en su perfección cónica y nevada, tienen la misma altura: 3776 metros.
Durante el verano, son muchos los que intentan hacer cumbre. En realidad,
con buen equipo y un físico entrenado, aseguran los fans del andinismo,
escalar el Lanín no reviste demasiadas dificultades. Pero claro, hay
que ser andinista... Yo por eso me contenté con mirarlo desde abajo
mientras disfrutábamos de un agradable picnic.
Ten Rivers and Ten Lakes.
Subimos hasta el mirador Arrayán, por el viejo camino que baja de
Chapelco. Sólo tres hectáreas rodean la casa de madera que en 1936
hizo construir la inglesa Renée Dickinson con el permiso de Parques
Nacionales y la impronta de Bustillo. Hoy, además de ser casa de té
y restaurante de vinos, incluye el lodge Ten Rivers & Ten Lakes; el
nombre alude a los 10 ríos y 10 lagos que se encuentran en la región.
Pocas habitaciones, camas king size, vestidor y deck en un paraje
con vista excepcional.
Tel: (02972)42-5571/0. En Buenos Aires, New Age. Tel: 4700-1417. E-mail:
info@newage-hotels.com. Programa de tres noches, desde $1.045 por
persona, con pensión completa, transfer in out y tres excursiones
a elección, por los alrededores.
Primero
costó abandonar la cama mullida y después, salir de la ducha caliente.
La calidez de la hostería invitaba a hacer fiaca, pero había una cita
con la gente de Las Taguas para una cabalgata por el Hermoso, quizás
el menos visitado del circuito de Los Siete Lagos, y tampoco nos la
queríamos perder.
Es chiquito el lago, con orillas arenosas y una vegetación casi selvática.
Su orientación hacia el poniente lo resguarda de los vientos y recibe
tanto sol, que si no fuera por las bajas temperaturas, sería ideal
para bañarse. Encontramos a Patrick Steverlynck con el Pampi, su fiel
ayudante, ensillando Ios caballos. El camino, increíble, lleva a través
de la propiedad de los Steverlynck, una estancia de 4500 hectáreas
que forma parte del Parque Nacional Lanín. Las dos horas de cabalgatas
pasaron como un suspiro recorriendo bosques de ñires y flanqueando
curvas del río a la sombra del Cerro Adolfo y en el otro extremo,
la del Cerro Lenga.
11 horas. Derecha izquierda, adelante y atrás, ordenaba el capitán
del semi rígido, al que nos subimos para hacer rafting por el río
Hua Hum. Este río nace en el lago Nonthué y desemboca en Chile, en
el lago Pirehueico.
11:15. Seguimos remando y mientras navegábamos las turbulentas aguas
de los rápidos, José Luís Carnaghi de Ici Viajes me explicó que el
Hua Hum es un río que oscila entre los grados II y III -los más suaves
de una tabla que mide las dificultades hasta el nivel VI. Lo comprobamos:
se trata de una experiencia idónea para inexpertos.
11:30. Splash... Una ola me golpeó en la cara (esto me pasa por andar
con la boca abierta, pensé), pero no fue a mí sola, a mis compañeros
también les tocó apechugar con la imprevista ducha.
12. Ah, qué maravillosa sensación de paz esto de flotar sobre un remanso,
uno de los tantos que el río inventa a su paso. Después, otra vez
a remar hacia la playa.
13. ¡Mhhmm, qué ricas deben estar las empanadas que nos esperan en
tierra firme!
Muy cerca de la ciudad y pasando la Vega de Maipú, camino al aeropuerto,
está el desvío a la RP 62. Aquí comienza la pronunciada subida entre
bosques de cipreses y maitenes. El Logog es el lago más temido, porque
cuando el viento sopla, es una furia imparable. Con o sin viento,
en verano se Ilena de embarcaciones a motor.
Buen programa es el de escaparse a pasar el día en el Curruhué Chico;
para esto hay que bordear el Parque Nacional, siempre por la ruta
62. Desde el mirador es fácil apreciar el contorno de este lago y
la silueta del otro Curruhué, el Grande, a salvo de cualquier invasión.
Aquí está prohibido pescar o acampar: lo único que se permite es mirar.
Pasando el bosque de araucarias, uno de los pocos que quedan en pie,
se abre una playa, apta para quedarse a soñar horas.
Más adelante los senderos se bifurcan: el de la derecha conduce a
las termas de Lahuen-Co y sus precarias instalaciones; hay proyectos
para convertir este escondido tesoro en un centro termal de nivel.
Veremos. Hacia la izquierda se Ilega a la Laguna Verde y a ese espejo
insólito que es la laguna El Toro.
San Martín de Ios Andes es la capital turística del Neuquén y durante
todo el año está a pleno. Pescadores y veraneantes en primavera y
verano, y esquiadores que caen con las primeras nevadas para irse
con los últimos fríos del invierno.
El centro es lo que siempre fue, pero más: el pulso mismo de este
enclave de calles arboladas y arquitectura uniforme. San Martín tiene
su calle comercial, la San Martín, con todos los servicios de una
ciudad eficiente. Agencias de turismo, cajeros automáticos, esquinas
con sus cafés, todo se nuclea aquí. Hay más galerías comerciales para
satisfacer demandas a la hora en que los turistas salen de compras,
y las artesanías ya constituyen un común denominador importante de
la villa. Pero no todo es lo que parece.
Buenos productos regionales, de ley, búsquelos en la exposición de
Artesanías Neuquinas, a I lado de la Secretaría de Turismo. Los negocios
tradicionales que aquilataron buen nombre siguen siendo Oveja Negra
-para comprar desde ropa creativa, adornos para la casa hechos en
maderas de la zona, hasta jabones y tallas- y Raíces, con los sweaters
de Estela Hardoy, tan clásicos como los polar australianos que agregó
entre sus percheros.
Abuela Goye, en la esquina de San Martín y Drury,
no pierde su poder de atracción cuando de hacer un alto goloso se
trata: café con ineludible porción de torta, casera y riquísima, cualquiera
de ellas. Otras glotonerías con carácter localista: los chocolates,
trufas y cremitas de La Vieja Aldea, los alfajores de Pillanhue, y
el imperdible milhojas de chocolate y dulce de leche de Abolengo.
Empezamos el día saliendo hacia el sur, por la RN 234, para detenernos
a 38 km de San Martín, en el Machónico; es el tercero o el antepenúltimo
eslabón del itinerario de los Siete Lagos.
Nos sumamos a un grupo que, igual que nosotros, esperaba subirse a
las canoas canadienses de a dos o tres personas, depende. El guía
decide y a su voluntad nos sometimos, así que, una vez acomodados
y ya en el agua, nos aplicamos a ser lo que corresponde en estos casos,
remar. Las canoas avanzaban casi sin perturbar la quietud del agua.
Remar tiene sus exigencias pero la majestuosidad del paisaje se impone
sobre cualquier otra consideración.
Al lago lo circundan paredes rocosas.
Cada tanto, hacíamos un alto. Pero al final de una hora estábamos
agotados... Para cuando volvimos al punto de partida, en la playa
nos esperaba un final reparador con mates y tortas fritas.
Desde los pagos del Machónico hacia Paso Córdoba, se va sobre el ripio
de la provincial 63 que conduce al Meliquina. El lago, su bosque y
las casas escondidas entre la tupida vegetación, han convertido este
tramo en una de la más exclusivas de la región. En verano, se abren
algunas casas de té y en los alrededores es imagen típica la de grupos
familiares o amigos haciendo picnic en las áreas reservadas a este
gozoso ritual.
Seguimos por la misma ruta hasta empalmar con la RP64,
donde aparecen, a la derecha el Lago Filo Hua Hum y a la izquierda
el río Caleufú y su frondoso valle. Un atajo conduce hacia la cueva
Traful -refugio de los antiguos habitantes-, vecina a una pileta natural
en la que los intrépidos suelen improvisar esa modalidad de "clavado"
patagónico.
Tipiliuke
es un lujo, un lodge de pesca puesto a todo trapo que se descubre
entre San Martín y Junín de los Andes, a sólo 12 km del río Chimehuín
y a siete del Ouilquihué, paraísos trucheros. El nombre -según explican
María José y Kevin Tiemersma, los managers del lodge- es por el cerro
homónimo que está enfrente, y que en mapuche significa corazón al
revés.
Si se mira atentamente, resulta que sí, que la forma del cerro
es como un corazón al revés.
Las instalaciones forman parte de la centenaria estancia Cerro Los
Pinos, propiedad de la familia Larminat. La historia comenzó con Santiago
de Larminat cuando, con apenas 19 años, Ilegó a Buenos Aires en 1909
procedente de Francia. Recién egresado del Institute Agronomique de
París, su intención era crear una empresa agropecuaria, y así fue
que la estancia surgió.
El lodge ocupa un espacio cerca del casco principal y se extiende
en dos casas construidas en piedra, rodeadas por un parque rico en
especies exóticas y un río. Tiene 14 habitaciones, más el capricho
de un sauna dentro de una cabañita de cuento; la decoración es divina
y un servicio a la altura de la propuesta. Enfrente se abre una vista
increíble de un bosque de pinos.
Tel: (02972) 42-9466. En Buenos Aires, Tel: 4806-8877. E-mail: info@tipiliuke.com.
La doble con desayuno, en baja, u$s 100. Para pescadores, desde u$s
420 por día con pensión completa. Cierra en junio.
Hay una capilla en la estancia que se puede visitar. Se levantó cuando
regresaron de la II Guerra Mundial los dos únicos hijos varones de
Larminat, Bernardo y Andrés.
El viejo casco de la estancia no sólo mantiene intacta su estructura
original de madera, también sigue siendo el lugar donde viven las
tías Larminat. Ir a verlas es un deber; en una de las habitaciones
exponen artesanías mapuches de la zona. Mantas, tallas, cerámicas
y fajas en telar son parte de los objetos que están a la venta.
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