Revista LUGARES Nro. 68
Pág. 56 - 61
Por: Julia Caprara
REVISTA LUGARES
SAN MARTIN DE LOS ANDES
Los últimos dorados del otoño se disuelven en el blanco de las primeras nevadas. San Martín resplandece y Chapelco, obvio, es la excusa perfecta de los esquiadores que cada temporada peregrinan a esta comarca pulcra, de calles asfaltadas, construcciones de madera y un privilegio difícil de igualar: la belleza del Lácar. En San Martín de Los Andes hay ofertas de alojamiento para todos los presupuestos. Hosterías de lujo, como La Cheminée, con sus mullidos sillones frente al hogar a leña. A un paso del centro, ofrece buena atención, desayunos abundantes y cuartos comodísimos. Para quienes prefieran estar camino a Chapelco, Paihuén es una excelente alternativa: cabañas de piedra y madera súper confortables, rodeadas por un bosque milenario en pleno Parque Nacional Lanín. Otras ventajas nada despreciables de esta opción son su restaurante, Caleuche, y la vista del lago en cinemascope. Claro que si quiere estar realmente pegado a la nieve y salir de su guarida con los esquíes puestos, no hay como instalarse en Los Techos, en plena pista, un clásico que conserva su estilo, fiel a la calidad y el buen gusto.
El circuito gastronómico crece sin prisa, pero también sin pausa, con buenos restaurantes reunidos bajo el paraguas de lo que podríamos llamar "cocina patagónica". Una novedad de este año es la ampliación del local de La Tasca, ahora adornado con un mural extraordinario, donde Alejandro Zolezzi, su mentor, aparece como figura central de una mesa dionisíaca, que comparte con amigos. El restaurante sigue con sus tablas desbordantes de ahumados y otras delicias, como el ciervo a La Tasca. A la cocina ítalo-patagónica no deja de apostar, y con éxito, Pionieri. En las tardes invernales, el restaurante que dirige Alejandro Brunetti se convierte en casa de té, con servicio de deliciosas tortas y dulces caserísimos, o la variante salada que hegemonizan ahumados y quesos. Los Patos, la casa de comida vecina al restaurante, es una buena respuesta al delivery. Gloria Ocampo sigue firme con El Radal y sus ya famosos escabeches y patés en múltiples variantes. A Gloria le gusta cocinar sola y se ocupa absolutamente de todo, pero nada la enorgullece más que ponderar las virtudes de sus hijos: Agustina sigue prodigando delicias propias en Arrayán -la casa de té en el antiguo camino a Bariloche- y Pablo cumple con el mandato familiar de la buena cocina trabajando en Caleuche. El que estrena pub y una nueva propuesta de comidas rápidas es Avataras, el restaurante étnico de la zona. Además, continúa con sus eclecticismos de enchiladas, moussaka -plato griego a base de cordero y berenjenas- y la versión norteamericana del pechito de cerdo acaramelado. Los buenos precios y el ambiente cálido de pub con más de 60 marcas de cervezas, siguen siendo consignas indeclinables de la casa.
Si tiene alguna piedad por su silueta, trate de evitar la avenida San Martín: Abuela Goye abrió allí chocolatería, heladería y café, para matarse con buena repostería y chocolates en todas sus formas y sabores. Unas cuadras más adelante, La Vieja Aldea, con sus trufas, bombones, alfajores y cremitas, tampoco afloja a la hora de mantener el buen nombre de la chocolatería local.
Si se trata de shopping, camine por la misma avenida. En Raíces, Estela Hardoy diseña desde sweaters con pelo de conejo y camperas tejidas con -divinas- hasta bandejas de madera y hierro y cantidad de artesanías de inspiración autóctona. La Oveja Negra y Orígenes son otros lugares para no pasar por alto si lo que persigue es comprar regalos que, fija, serán bienvenidos.
Dos tareas aprés ski: para amantes de la plástica, visitar la casa atelier de Georg Miciu Nicolaevici, un pintor austríaco instalado desde hace años en la zona. Sus paisajes patagónicos lo merecen. Su joven hijo, Emaús, le sigue la huella y tímidamente, si se lo pide, exhibe su obra. Y para fanáticos del fly fishing, pase por Vivac y aprenda a atar sus propias moscas en tres o cuatro lecciones.
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