Revista LUGARES Nro. 58
Pag. 50 - 53
Por: Julia Caprara
Fotos: Carolina Aldao
REVISTA LUGARES
PUCON - ESQUIAR EN UN VOLCAN
Esquiar sobre la ladera de un volcán da cierta impresión especial, y más si ese volcán está activo. No en este viaje sino en uno anterior tuve la suerte de ver desde el avión, como una mancha roja, el cráter del Villarrica. "Es como una herida de la Tierra", recuerdo que pensé entonces. Y no me resultó fácil, luego, deslizarme sobre la nieve sin recordar cada tanto 10 que todo el tiempo ocurría bajo mis pies.
Pero se trató sin duda de una sensación muy personal, porque a nadie más de todos los que estábamos en Pucón parecía importarle un rábano la posibilidad -remotísima, es cierto- de que ese volcán amistoso comience a tener algún día una conducta vesubiana y decida mostrarle al mundo todo lo que tiene adentro.
Pucón no es Pompeya ni está en sus últimos días. A 109 km al sudeste de Temuco, que a su vez queda a 677 km de Santiago, el pueblito chileno conserva toda su frescura y por momentos parece la ilustración de un libro de cuentos de hadas, con casas de madera y chimeneas humeantes.
El volcán Villarrica y el lago con el que comparte el nombre son protagonistas: en el verano el lago es la meca de los deportes náuticos y las playas se llenan de jóvenes. Los mismos, con toda probabilidad, que durante el invierno le dan vida al centro de esquí, sobre la ladera noroeste del volcán.
Ubicado a sólo 20 km del pueblo y dominando el paisaje, el volcán tiene una altura de 1.930 metros y un desnivel de 600 respecto de la base, cuya altitud es de 1.450 metros.
Pero lo distintivo del centro de esquí de Pucón son sin duda sus características topográficas: largas cornisas y half pipes (cañadones naturales) lo convierten en un verdadero paraíso para los fanáticos del snowboard.
Pero además de excelentes canchas para snowboard, hay posibilidades para todos: alrededor de 50 km. de pistas con distinto nivel de dificultad y una superficie esquiable de 1.200 hectáreas, de nieve consistente pero pesada. Y la gente sabe aprovecharlas: todos los días, hasta octubre, va y viene y vuelve a ir por las telesillas dobles o los medios de arrastre.
Placer, mucho placer.
El Hotel del Lago es desde hace tres años un lugar de lujo para sumar a las jornadas "blancas" todo tipo de rutinas.
Lo mío fue la natación, desde el momento que le eché un vistazo a la espectacular pileta climatizada ("piscina temperada", para los chilenos), totalmente integrada al paisaje por una maravillosa estructura de cristal y maderas. Después de un par de horas allí, una breve visita al gimnasio y al spa, con sesiones de masajes, sauna y cama solar eran el rito casi obligado.
Otra rutina que lamentablemente no pude controlar fue la de devorar cuanta exquisitez se posara en las mesas, de la mañana a la noche. Quesos varios, mariscos en todas las versiones, postres prohibidos y los tentadores menús del hotel.
El enorme resort cinco estrellas es realmente como para quedarse a vivir: tiene cine, sala de lectura, boutiques, dos piletas, peluquería... Inaugurado en 1997, es uno de los pocos hoteles chilenos que tienen casino.
No es fácil tomar la decisión de abandonar ese confort, pero una cita ineludible con el pueblo me llevó a recorrer la calle principal -la O'Higgins-, parecida a la Mitre de Bariloche tiempo atrás. Allí están las principales agencias de turismo y de alquiler de equipos de esquí. En una esquina, el pintoresco Café de la Paix está siempre lleno de habitués y la Suiza, en la otra cuadra, es un clásico que arde a la hora del té. Para los jóvenes, en el Bar del Pelado preparan buenos tragos y la música invita al baile. Esa noche el apetito nocturno condujo a un tapeo intenso -gambas al ajillo, langostinos, queso de cabra, jamón serrano, ostiones, entre otros- en Puerto Pucón.
Sin parar. Si está de ánimo, un trekking de una hora hasta el cráter permite ver los destellos rojizos del volcán, además de la inmesidad de la cordillera
y el espejo de los lagos Caburgua y Villarrica y la laguna Coli-lo junto a los volcanes Llaima y el Lonquimay. Hay recorridos de 50 minutos por las cuevas volcánicas formadas por los ríos de lava, a la entrada del Parque Nacional Villarrica, al pie del volcán. El rafting no se toma vacaciones, y menos en los vertiginosos cauces invernales de los ríos Trancura y Liucura. Después dé tanta acción, no se pierda el goce de un baño al aire libre -mientras nieva- en las piletas de aguas termales de Huife.
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