Revista LUGARES Nro. 93
Pág. 90-93
Por: Cristina Viturro
Fotos: Nacho Calonge
REVISTA LUGARES
PEÑON DEL LAGO
El cafecito llega servido en una vieja taza de porcelana a la rústica mesa del bloques de madera del lobby, alrededor de la cual uno bien puede estar acomodado en un sillón Chesterfield, en un sofá tapizado a rayas o en una BKF recubierta en cuero de vaca de color turquesa. La vajilla antigua, la decoración que une armónicamente elementos venidos de estilos y épocas diferentes, el trato gentil, tienen un solo y exclusivo fin: hacerlo sentir a uno como invitado en casa de viejos amigos, atendido con cordialidad y calidez, definitivamente cómodo.
Todo conspira para lograrlo: la decoración firmada por Juan Ricci (un dato ciertamente comentado en la ciudad), un número de pasajeros relativamente pequeño, los amables modos del personal, las amenities de las habitaciones y los muchos programas de actividades que se pueden organizar.
Inaugurado a principios de julio, el Peñón del Lago nació de la remodelación total de un tiempo compartido, ubicado en ocho hectáreas sobre la costa del Nahuel Huapi.
Alrededor del club house, que reúne el lobby, el comedor, el gimnasio
y otros espacios comunes, se alzan los dos edificios que albergan
las veinte habitaciones que el complejo tiene en la actualidad. La
separación garantiza áreas de alojamiento más tranquilas y privadas,
en dos modalidades: los estudios y las habitaciones estándar. Los
primeros tienen una disposición de loft, con una coin cuisine completa
lista para usar, una chaise longue que se transforma en una tercera
cama y hogares a leña.
Las segundas, más convencionales (lo que es sólo un decir: muchas de ellas tienen hasta walk-in closet), sin cocina y más pequeñas, mantienen el mismo estilo de decoración, con abundancia de madera negra, tonos neutros y muebles modernos y muy sobrios. Los baños son híper cómodos: todos
tienen lámpara solar, calienta toallas y bañaderas con hidrozono. En todos los casos, los estudios pueden unirse a las habitaciones estándar y formar un confortable departamento para una familia.
En esos interiores no faltan las sábanas bordadas, café y té en las habitaciones sin cocina, mantas livianas con las que arroparse para ver el paisaje o la tele, jabones artesanales con el logo del hotel. El inventario (obviamente, muy incompleto) no es caprichoso: aquí el lema es "pasión por el detalle".
El entorno está aprovechado al máximo para las actividades al aire libre, que son una de las marcas distintivas del hotel. El peñón que le da nombre no sólo permite tener una postal de Bariloche que incluye la costa del Nahuel Huapi, los bosques y los cerros nevados, sino que desde allí se inician recorridos de
trekking o bicicleta que se pueden realizar dentro del predio. Al pie, está el muelle donde en verano amarrarán el Bonita, el Yurkal y otras embarcaciones, a disposición de los huéspedes que quieran hacer un paseo navegando por el lago, salidas de pesca, buceo, vela, kite surf...
Este verano la propuesta incluirá cabalgatas por la base del cercano cerro Campanario, un recorrido en bici por las orillas del lago Moreno y el río Casa de Piedra (un lugar tan hermoso como próximo al Peñón) y travesías de 4x4 al valle del Chalhuaco.
Los que busquen en el lugar algo más que vida al aire libre, encontrarán los servicios de un spa con sauna, sala de relax (tan verde, linda y refrescante que dan ganas de pasar todo el día ahí dentro) y masajes orientales de relajación. El espacio está por agrandarse para incluir un jacuzzi con vista al parque.
El gimnasio es del Vilas Racket Club y ofrece atención personalizada. Por supuesto no faltan sala de juegos, completísima, ni servicio de babysitting.
En el restaurante Huelil (en el verano estará abierto al público en general) no sólo se sirven medialunas recién hechas y el café más rico de todos los desayunos, sino que se puede tomar el té, disfrutar de un trago de happy hour y comer a la luz de las velas con vajilla antigua, como la de la abuela.
El mayor encanto del Peñón del Lago está ausente de catálogos y comentarios de tradición oral: ninguna de sus virtudes se compara a la posibilidad de contemplar, desde una de sus habitaciones con vista al lago, en una comodísima cama king size, la salida del sol sobre el espléndido Nahuel Huapi.
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