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ORCAS EN VALDES

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VERSION EN INGLES
ARGENTINA
REVISTA LUGARES N. 82
Pág. 36 al 43
Por: Soledad Gil
Fotos: Federico Quintana


REVISTA LUGARES

ORCAS EN VALDES



Una de las pocas colonias del mundo, junto con las de Noruega, British Columbia (Canadá) y la isla Crozet (al sur de Sudáfrica). Las de Chubut atacan en la costa de Punta Norte, con un comportamiento único que se deja ver entre fines de febrero y comienzos de abril.

ORCAS EN VALDESEl mejor castigo que podría recibir es jugar a la payana en Las playas de Punta Norte hasta agotar de a una todas sus piedritas. Me llevaría toda la vida y cien años más, justo lo que uno desea cuando conoce el lugar. Y si es un atardecer y es en el Faro de ese extremo privilegiado del planeta donde se dan cita orcas, ballenas, pingüinos, elefantes, lobos, gaviotines... ah entonces, prisión a cielo perpetuo como el que brilla por las tardes en La Punta.
ORCAS EN VALDESLa península tiene definitivamente un embrujo, y no es sólo con Los animales. Les pasa también a fanáticos de la naturaleza y especialmente a los fotógrafos. Esta era la tercera vez de Federico Quintana que tanto, tanto, me había contado de las orcas que yo ya casi no le creía. Pero él estaba dispuesto a demostrarme que no exageraba. Que las orcas son adictivas. O mágicas.
Pasó a buscarme por el aeropuerto de Madryn, desde donde nos esperaban 80 km de asfalto hasta Pirámides y unos 75 km más de tierra hasta La Ernestina, la única estancia que parece hecha a medida de los reporteros gráficos de todo el mundo que se instalan tipo cuartel a esperar "la" foto. Amos, que había acompañado a Fede a Pirámides para hablar por teléfono, era uno de esos. Personaje total, nació en Israel pero vive en San Francisco y organiza safaris fotográficos a cualquier parte del mundo para ver tiburones blancos, leones, elefantes, osos polares. Estaba en Valdés para incluir a las orcas entre sus insólitos tours, y así lo hizo. Estuvo unos cuantos meses y sólo aprendió a decir "Lijto" por listo, "camasata" por casamata (los refugios que la provincia les asigna a los profesionales para hacer sus tomas), y "chimichurri", feliz descubrimiento de su último asado. Con eso se arreglaba.
Como era marzo, además de la de Fede y la de Amos, las otras dos habitaciones de La Ernestina también estaban ocupadas por fotógrafos. Es el mes clave en el ciclo de las orcas, que residen en la zona todo el año, pero atacan especialmente en esa fecha. El inglés dominaba la mesa y por todas partes había rollos, películas, flashes. La estancia no tiene grandes lujos, pero sí comodidad, cocina casera, asados, camionetas 4x4 y la amabilidad infinita de Juan Manuel Copello, joven anfitrión que ya conoce al dedillo las mañas de sus huéspedes, sean profesionales o familias que se entusiasman con la geografía particular de la caleta, las pingüineras, las playas de piedra, la aridez de la estepa y el azul del mar. Hay de todo y para todos Juan tiene una sonrisa y un programa adecuado.
De todas maneras, la Punta Norte no precisa grandes producciones para resultar atractiva. Lo es por naturaleza. Cuando están las orcas, los días se organizan muy fácil y es según las mareas. Como ellas atacan cuando está alta, y se puede calcular a qué hora será cada día, está claro que habrá dos posibilidades de ver ataques, uno por la mañana y otro por la tarde. Religiosamente hay que estar ahí durante esas horas y a la cita no falta nadie. Los fotógrafos con sus veedores, apostados en sitios especiales por los que pagan por día, y el creciente público en general detrás de un alambrado del Centro de Interpretación, recientemente renovado por esos motivos: cada vez son más los que se acercan a ver, curiosear e irse, o esperar y esperar, que es lo que hay que hacer si de verdad interesan las orcas.
ORCAS EN VALDES"Esto no era así antes", fue lo primero que me dijo Fede cuando vio el "parking" que se armó junto al pequeño museo. Ya hay piches (peludos) y zorros acostumbrados a comer de la mano de la gente, y gente que viene sin tener demasiada idea, pensando que las orcas son como las ballenas, que están, y lo cierto es que ocurre todo lo contrario.
ORCAS EN VALDESLas orcas no son puntuales. Cambia el viento, llueve, o no se les da la gana y desaparecen. Así sea marzo, cuando todo el mundo viene para verlas a ellas. Quizás vaya a ser ese comportamiento esquivo el que más proteja la desamparada Punta Norte: que los desprevenidos sepan que si les dedican un día o dos, posiblemente chupen mucho frío y no vean nada. Claro que nunca faltan los afortunados que se quedan tres días y ven cinco ataques. Eso es tener suerte. Yo no pude ver ninguno pero sí vi a Mel salir del agua a tres metros de la playa y casi infarto ahí. Mel es el macho líder de la colonia de Valdés. Mel es enorme, con su aleta doblada porque le pegaron un tiro hace muchos años. Mel es Mel. Y apareció de la nada. Tiró su chorrito de agua. Pfffffff y se sumergió. Y me quedé muda. Dura. Vi esa piel negra, lisa y brillante, como si fuera pulida, salir del mar en silencio, inesperadamente, para dejarme atónita, extasiada.
ORCAS EN VALDESNos detuvimos esperando que volviera a salir. Pero no. Se fue. Fede me miró y se dio cuenta de que ya era una conversa. Me había picado el bichito. Quería ver más. "Las orcas son impredecibles", me dijo.
De todos modos, la rutina de ir y esperar se me fue haciendo interesante, aún cuando las orcas no aparecían. A los pocos días uno empieza a identificar las caras de todos, a saber la historia de cada uno. Así conocimos a Tibor, un húngaro obsesionado con las orcas que estaba hacía tres semanas en Pirámides y venía a dedo todos los días. Calculaba el horario de las mareas y salía con anticipación para no perder las horas de subida. En la Punta está prohibido acampar, y su presupuesto privilegiaba quedarse más tiempo con poco lujo, que menos días más cómodo. Eso sí, cuando las mareas llegaban muy temprano y Tibor estimaba que no iba a conseguir auto a tiempo, entonces alquilaba uno y se aseguraba presencia. Y si no las veía, mala suerte. Se volvía y regresaba al otro día. Estaba sólo para ver orcas. El sabía que tales eran las reglas. Y así hizo en Noruega y Canadá, a donde viajó también nada más que para eso.
Yo charlaba un poco con Tibor, otro poco con Amos, Fede, los demás fotógrafos, guardafaunas y veedores. En la temporada son unos cuantos, pero el que no falla es Roberto Bubas, el guardafauna que por amor y vocación está ahí desde mucho antes de que hubiera estacionamiento y hasta calefacción. Beto fue el que las bautizó, el que sale en los documentales, el que aparece en las fotos montado en su caballo árabe Rigel... Pero más allá de todo eso, es el que sabe cuál es cuál, y al que puede preguntársele todo sobre ellas. Para Los huéspedes de La Ernestina, los días de orcas son todavía más dulces. Cuando bajaba la marea por la tarde, todos nos mirábamos comprendiendo que llegaba el "gin tonic time". Juan Manuel organizaba las heladeras y la caravana en vehículos 4x4 hacia el faro. Quién iba con quién, o todos juntos, porque al cabo de unos días, ya todos éramos amigos. Amos se ponía nervioso porque cada atardecer era mejor al anterior, y él no quería perder un instante. "Lijto es lijto" fue su frase cumbre. "Lijto" decíamos todos, y partíamos a ver caer el sol sobre la pingüinera, sentados en la playa, tomando gin tonic y jugando a la payana.


SECUENCIA

ORCAS EN VALDESLas orcas de Valdés habitan en una colonia de once. Se estima que permanecen en la zona todo el año pero atacan mayormente en marzo, cuando los lobitos están aprendiendo a nadar. Se acercan a la costa con la marea alta, momento en el que se forman piletones entre las rocas.

ORCAS EN VALDESExisten canales de ataque, especies de surcos donde el terreno facilita la tarea. Mel el macho líder- suele atacar solo, mientras que las hembras prefieren hacerlo en grupo. Se las conoce por nombre (Ishta, Maga, Jasmin, Ezequiel, Dass o Tania), por tamaño y por la forma de la aleta.

ORCAS EN VALDESLos ataques son muy veloces. De repente, aparecen fuera del agua, capturan a su presa entre borbotones, levantados por el propio peso de las ocho toneladas de su cuerpo emergiendo sobre la playa, y comienzan a "maniobrar" para regresar al mar.

ORCAS EN VALDESLa técnica que desarrollaron las orcas de Valdés se conoce como "varamiento intencional" y hasta ahora es única en el mundo. Se las ha visto practicar en grupo en la caleta Valdés, un canal natural protegido de las corrientes y los vientos, donde pueden acercarse a la playa de a poco y enseñarles a sus crías.

ORCAS EN VALDESEL momento más crítico es el de la retirada, cuando deben dar la vuelta empujando el cuerpo con la cola. Es un esfuerzo enorme, que requiere técnica precisa. Para hacerlo, resulta clave el terreno pedregoso y el caudal de agua. Por eso las orcas conocen tan bien las mareas. Si prolongan su estadía, corren serio peligro de no poder regresar.

ORCAS EN VALDESPara el lobo ese no es el fin. Como el gato con el ratón, la orca se entretiene jugando con él, bien puede llevarlo mar adentro, soltarlo para que lo capture otra orca, o posicionar su presa sobre la cola para lanzarla por los aires antes de comerla. Ese procedimiento fue el que les valió la injusta fama de asesinas que ganaron a comienzos de siglo.




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