Revista LUGARES Nro. 39
Pag. 86 - 93
Por: Soledad Gil
Fotos: Federico Quintana
REVISTA LUGARES
MONTAÑAS MAGICAS
La
estación YPF de Tres Lagos está impecable. Tiene hasta un par de camas
para viajeros exhaustos, un shop y variedad de combustibles.
Desde allí hasta El Chaltén son 90 km por la ruta provincial 23 -
524 en el mapa-.
El Chaltén está creciendo a grandes pasos y quienes lo hayan visto
en sus comienzos, hace pocos años, se sorprenderán de sus nuevas dimensiones.
Es una verdadera meca, no ya de andinistas que esperan el día propicio
para animarse al Fitz Roy y al Torre, sino de los muchos mochileros
peregrinos que se dejan cautivar por bosques, lagos y glaciares. Todo
eso abunda en la zona, y no es raro que en una región en donde las
distancias suelen ser de tres cifras, se demoren horas o días enteros
en tramos insignificantes en kilómetros, pero superlativos en esplendor.
Por eso, hacer base en El Chaltén un par de días suele ser más que
provechoso.
Además,
ésta será la segunda temporada de la embarcación Huemul para 60 pasajeros
que navega el Lago Viedma, acercándose al imponente glaciar, al anfiteatro
de la cascada, al canal Moyano, y la estancia Helsingfors.
Nos alojamos a media tarde en el flamante Hostal de la Montaña de
Paula y Alberto del Castillo. Por ahora tiene sólo dos habitaciones,
pero están puestas con todo y planean hacerlo crecer con ese nivel.
Alberto es guía de montaña y organiza trekkings de ocho horas al Glaciar
Torre para gente en buen estado físico y con ganas de aventurarse
en unos de los mejores rincones del Parque Nacional Los Glaciares.
Como nuestro estado no lo es tanto, fuimos a cenar a The Wall y a
acostarnos temprano para emprender al día siguiente el largo camino
hasta la Laguna de los Tres, al pie del Fitz Roy.
Antes de contar la extraordinaria, maravillosa y super recomendable
experiencia, tengo que confesar que casi no llego. Si no hubiera sido
por Federico que me empujó literalmente en el tramo en que sólo quería
rodar cuesta abajo, agotada, no podría ocuparme de elegir cuál de
los colores que van del azul verdoso, verde azulado, celeste intenso,
transparente y sus múltiples posibles combinaciones le corresponde
al espejo perfecto de la cima.
Partimos bien dotados de sandwiches y agua mineral. El comienzo es
bien sencillo, con cascadas torrentosas, mallines tiernos y el magnético
Fitz Roy que nos llamaba a continuar. Pasamos de largo el campamento
de la la(luna Capri y el de Poincenot, más adelante. Hasta allí, todo
bien. Ese tramo es apto para todo público y valioso de por sí, si
bien es cierto que -como en los programas de televisión-lo mejor está
al final.
La cosa se pone dura y empinada después de cruzar el río Blanco. Es
aconsejable subir en zigzag como las cabras, y no dejar que el cansancio
quiebre la atracción ejercida por la cima. El esfuerzo tiene su recompensa
con creces. El lugar estaba desierto por completo, salpicado de nieve
que reflejaba en todas direcciones los rayos del sol. Hay centenares
de rocas perfectas para un picnic reparador y contemplativo. A la
pasiva belleza del glaciar que besa sus pies se suma la quietud de
la laguna en la que el entorno refleja su hermosura "a la Narciso".
El Fitz Roy está en todos lados y su presencia produce una satisfacción
casi divina. Las escalofriantes agujas vecinas -todas con nombres
de valientes que murieron en el intento de escalarlo- son una confirmación
de su elevada gloria.
"Como este volcán activo no ha sido mencionado por los navegantes
ni viajeros, y como el nombre de Chaltén que le dan los indios lo
aplican también a otras montañas, me permito llamarle volcán Fitz
Roy, como una muestra de la gratitud que los argentinos debemos a
la memoria del sabio y enérgico almirante inglés", dijo Francisco
Moreno al bautizarlo, a éste también, en su grandeza. Al Perito se
le escapaba que el Fitz no es un volcán, pero debido a su endemoniada
forma y las nubes casi eternas que eran confundidas con humo, el misterio
no fue develado hasta 1952, cuando un grupo de franceses logró vencer
la difícil cumbre.
A la izquierda de la laguna, antes de emprender el descenso, no olvide
asomarse al balcón natural sobre la Laguna Sucia que es de un verde
viscoso, pero limpito. Bajar no tiene más ciencia que poner un pie
delante del otro, aunque lleva su tiempo y a nosotros nos sorprendió
la noche en el proceso. Nos alojamos en la Hostería del Pilar, otra
muy buena nueva de la zona, con cuatro habitaciones comodísimas a
15 km de El Chaltén, en el camino hacia Lago del Desierto, el de la
controversia.
Conviene conocerlo y surcar sus aguas embarcados en La Mariana no
sólo para aportar un necesario granito de arena a la soberanía, sino
para deslumbrarse por su belleza que es mucha, y para nada desértica.
A la mañana siguiente, después de un descanso indispensable, pudimos
confirmar que, como nos dijo Marcelo Pagani, en el Pilar tienen al
Fitz Roy en el patio. Lo vimos por la ventana apenas nos levantamos,
ansiosos por llegar al otro plato fuerte de Santa Cruz, nuestra postal
argentina, el magnífico Perito Moreno, en su versión glaciar.
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