Revista LUGARES Nro. 51
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Por: Soledad Gil
REVISTA LUGARES
LLAO LLAO
Como el Edén y el Sierras en Córdoba o el Club Hotel Sierras de las Ventana, el Llao Llao es una gloria de esas muchas que tuvo la Argentina. Pero viva. Tras incendios', dictaduras, crisis, leyendas de cuidadores y maldiciones de las que nunca faltan entre los célebres de la historia, hoy el Llao Llao reluce y continúa la epopeya a fuerza de cotidianas bienvenidas.
Es un placer verlo en pleno ejercicio de sus facultades, haciendo de gran hotel, cumpliendo con honores el papel para el que fue concebido allá en 1938. Provoca como una especie de entusiasmo caminar por esos salones de dimensiones inabarcables, imaginar que así lo pensó Alejandro Bustillo hace más de 60 años, y así esta. Los viejos libros en alemán de aquellos huéspedes de los '40 son objetos de decoración.
Lo que se dice un touch de historia viva sobre flamantes mesitas de mármol en discretos corredores alfombrados. La platería que rezaba en letra cursiva con mucho firulete hotel Llao Llao brilla renovada como ornamento del nuevo restaurante. Los baños están casi-casi como eran entonces, con sus azulejos de opalina, la grifería maciza y reluciente, esas bañeras que parecen eternas.
El Llao Llao está, efectivamente, pensado a lo grande Su diseño de 160 habitaciones sobre un edificio en H es un hallazgo, que aprovecha las vistas de los lagos Moreno y Nahuel Huapi en su deliciosa porción del Puerto Pañuelo y aledaños. Entre ellos, la península San Pedro y Colonia Suiza son los paseos más próximos y accesibles. Hay casas de té, restaurantes y artesanías. Hacia el otro Lado, la vista a los cerros Capilla y López ofrece la contundencia que constituye el capital inexpugnable de las grandes montañas. Basta abrir las cortinas a la mañana y ¡zas! ahí están las cumbres de piedra, o el espejo de los lagos azules y sus penínsulas verdes.
Por eso, Como huésped o visitante, es casi deber de todo argentino sentarse a tomar un café en el jardín de invierno del hotel. O pasar más tiempo aún en su salad bar al mediodía, sin gastar demasiado. Las piedras claras del piso -también originales- combinadas con mesas amplias y sillones de ratán consiguen un rincón óptimo para el relax total. El look de "hunting lodge" que le dieron al living ole sienta de maravillas. Si hasta parece que Bustillo lo hubiera querido así siempre. La gente es, además, súper profecional y muy amable: mozos, camareras, recepcionistas, las chicas del spa, los instructores de golf...
El Llao Llao más que vivo, está en su mejor momento. Estuvo cernido, detenido en un lapso que se extendió del '76 al '93. Ahora, como quien guardó energía mucho tiempo, marcha a todo vapor. Un crucero de lujo que encalló por voluntad propia en el mejor lugar de Bariloche.
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