Revista LUGARES Nro. 69
Pág. 108-111
Relato y fotos: Soledad Gil
REVISTA LUGARES
INVIERNO EN PUYUHUAPI
No falla. Los argentinos llegamos a Puyuhuapi y empezamos a hablar de "el lago". El océano honra su nombre pacífico a orillas de este spa donde el agua es quieta como de pozo. Nada de olas ni vientos. Y frío. Pero aquí es parte de la gracia. El hotel que el alemán Eberhard Kossman construyó en 1989 sobre la bahía Dorita en el Seno Ventisquero, a 240 km. al norte de Coyhaique -a la que la naturaleza sumó las cálidas virtudes de las aguas termales- empezó por esa combinación de frío-calor y dulce-salado de las aguas.
No hay cómo ignorar eI efecto de salir de las piscinas exteriores a 38º y zambullirse en el mar a menos de 10º. Y así sucesivamente hasta sentir que la circulación se activa: salir corriendo un instante antes de quedar tieso por congelación y sumergirse violentamente en el calor con humito, rodeado de selva, vestuarios de madera, puentecitos, arcoiris. No falla.
Como si fuera poco programa, el Termas de Puyuhuapi -"lugar abundante de puyes", pececito de la región- decidió usar los beneficios de esa misma agua, que es la que sale de las canillas y la ducha de las habitaciones, en un soberbio spa.
En la temporada 96/97 inauguraron una gran piscina, varios jacuzzis y otras piletas con agua de mar, o combinadas -mar y termal-, un gimnasio, aparatología, productos importados de Bretaña, algas, masajes, vapores y Mercedes, que da unas clases de yoga celestiales, entre otros tratamientos para salir flojito, renovado "como un recién nacido", según sus propias palabras.
Y después, la cocina de Armando, que va desde la más dietética ensalada hasta los más calóricos profiteroles, pero todo rico, fresco, variado. Pescados, mariscos y vinos son ecuación inesquivable en Chile, y el Termas los ofrece sabrosísimos. Para demostrarlo, uno de los programas sorpresa -perdón por revelarla, pero vale la pena- es la degustación de vinos en plena selva, con mega-plato de excelentes quesos y fogón a prueba de lluvia, anfibio, como casi todo en Puyuhuapi.
Basta observar la profusión vegetal para comprenderlo. Eso, si la lluvia no lo recibe de entrada con un chaparrón de bienvenida. La mojadura se recompensa con el verde intenso y brilloso, ese barniz al agua que tienen los helechos y las piedras, los senderos entre las construcciones del hotel y el muelle, las burbujitas sobre el lago -perdón, el mar- y los arcoiris que se forman y desvanecen con la velocidad de la luz. Es la Patagonia chilena en su mejor expresión de fiordos, islas, casitas de madera y nalcas, las hojas enormes que parecen paraguas vegetales diseñados por las plantas más pequeñas para protegerse de la lluvia.
Si bien puede uno reservar y alojarse como si fuera un hotel normal, el Termas no es un hotel normal. Durante el verano hay quienes lo usan como cuartel para cortar el ripio de la Carretera Austral con un día de mimos y placer; pero por su ubicación, a cinco horas de navegación desde Puerto Chacabuco -cuando los canales son navegables de septiembre a mayo-, o el mismo tiempo en camioneta desde el aeropuerto de Balmaceda, y sus instalaciones, es un lugar indicado para un mínimo de tres noches.
El programa organizado incluye traslados, visita al pueblo de Puyuhuapi y su increíble fábrica de alfombras, y sobre todo una excursión de lujo al glaciar y la laguna San Rafael. La empresa de Kossmann, astillero incluido, incorporó el catamarán Patagonia Express, de 28 metros y capacidad para 56 pasajeros en cubierta y 38 en el bar restaurante. Este año circulará a 28 nudos, lo que hará un poco más breve la navegación de día completo desde el hotel hasta Puerto Chacabuco, donde concluyen los paquetes, antes de regresar al aeropuerto colmado de impresiones acuáticas en sus formas sólida, líquida y gaseosa.
Otras alternativas son la visita a la selva fría en el Parque Nacional Queulat y el Ventisquero Colgante, navegar en kayak por los canales vecinos, la pesca con mosca, el Bosque Encantado, o simplemente reflexionar con una copa de Montes Alpha o de Caballo Loco acerca de ese lago-mar, o mar-lago, si salir del agua caliente para meterse en la fría, o mejor quedarse calentito mirando cómo llueve.
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