REVISTA LUGARES N. 75
Pag. 74-77
Relato y Fotos: Soledad Gil
REVISTA LUGARES
EL CONDOR
En Trevelin, una historica cabaña de merino australianos abre sus puertas para descubrir nuevos encantos de la cordillera.
Gaiman será "la" ciudad, pero Trevelin es más galés que la torta... Galeses son los anfitriones de El Cóndor, Michael Gough y Guingui Williams, dos apellidos ídem. Resulta que en 1885, con la división de las tierras de la Colonia 16 de Octubre -como se conoce al valle en el que está Esquel- Llwyd Ap Iwan, bisabuelo de Michael, recibió una de las 50 leguas que el gobierno otorgó a los colonos. A su vez, su hijo empezó con la cría de lanares merino australianos y en 1912 fundó la cabaña que hoy tiene 1.800 cabezas en 1.500 hectáreas.
Michael heredó la vocación familiar y se dedica a los carneros con tanto esmero que no pudimos evitar reírnos con el tratamiento que le estaba dando a uno que estaba deprimido: novalgina, alimento con miel y otros menjunjes para levantarle el ánimo, y el desgraciado, nada... Permanecía aislado del grupo de ilustres que están en la foto de apertura. Así donde los ve, cada uno vale fortunas.
Fue Guingui la que incursionó en las lides del turismo. Recuperó la casa de puro estilo patagónico, sus chimeneas, salamandras y cocinas económicas con las que hacer acopio del abundante calor de hogar.
Se inició con los pescadores porque le parecía más fácil. Obsesionados con la meta, se pasan el día entero en el Futaleufú, el Arroyo Pescado, el Futalaufquen, y regresan tan extenuados que ni se enteran de dónde viven.
Pero El Cóndor es para estar bien atento. A la comodidad de la casa, los paseos por el campo y los caminos vecinales -que ya son una gloria- Guingui agrega el Museo Regional, en el edificio Molino Andes y Cía que funcionó como tal hasta 1953. Una visita a Esquel, al museo Leleque y, por supuesto, al Parque Nacional Los Alerces, el gran atractivo de la zona.
Para una exploración más detallada, lo mejor es aprovechar la buena infraestructura del valle y complementar la vida en la estancia con dos socios perfectos.
Por un lado el confort, la cocina y la historia de la Hostería del Futalaufquen, construida por Alejandro Bustillo al pie del lago, y por otro la soñada ubicación de la Hostería del Pedregoso de Cholila. A las dos noches en cada sitio, agréguele una cena en Cassis de Esquel, una vuelta en La Trochita y algún programa de aventura (rafting, cabalgata o pesca): el éxito está garantizado.
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