Sin embargo, la arqueología afirma que el Gran Continente no siempre sufrió de un clima tan polar. En la Antártida se han hallado restos fósiles que pertenecieron a períodos más cálidos, y la existencia de grandes "valles secos" originados por glaciares gigantes hoy desaparecidos (el Wright, el Taylor, y el Victoria) han demostrado la sucesión de distintos períodos climáticos en la Antártida, a lo largo de su historia geológica.
Temperaturas
Las temperaturas son inferiores a los 0 ºC durante todo el año, salvo en la península Antártica, donde se alcanzan temperaturas de hasta 15 ºC en verano, y algunas zonas litorales con clima de tundra.
La amplitud térmica media anual en las zonas altas del interior, oscila entre los -70 ºC de los meses invernales (con mínimos que se aproximan a los -90 ºC) y los -20 ºC en verano.
La dureza de este clima, que produce una larga noche invernal, mucho más fría que las regiones glaciares del Polo Norte, se debe a varios factores, entre ellos:
- La inclinación del eje de la tierra con respecto a la órbita del sol (durante el invierno la energía solar sólo llega a la línea del círculo polar antártico),
- la escasa insolación estival,
- la reflexión de la radiación solar en el hielo, y
- la fuerte pérdida de calor causada por la ausencia de humedad en la atmósfera.
A su vez, el frío intenso determina la escasez de vapor de agua en la atmósfera y la formación de un centro de altas presiones sobre la Antártida, el cual impide la penetración de masa de aire húmedo procedentes del océano.
Además, la presencia de un cinturón de bajas presiones en las zonas subantárticas provoca el choque de los vientos continentales del este con las masas de aire oceánicas del oeste, lo que da lugar a la formación de tempestades casi constantes en las zonas marítimas próximas a los 60º de latitud Sur.
Los vientos húmedos penetran a veces en el continente, sobre todo por el sector comprendido entre las tierras de Wilkes y María Byrd, pero las precipitaciones pluviales son muy escasas (50 mm anuales en el interior y 500 en las costas) y casi siempre en forma de nieve.
Viento y nubosidad
La velocidad del viento es tan alta que supera ampliamente todos los valores que se encuentran en el territorio continental argentino. Puede llegar hasta los 320 kilómetros por hora; la nubosidad, por su parte, también registra los valores más altos del país; y las heladas ocurren durante no menos de 357 de los 365 días del año.
Inclusive, durante el verano antártico las temperaturas son muy bajas debido a la gran nubosidad, los vientos del casquete de hielo que cubre el terreno, y al hecho de que los rayos solares que llegan lo hacen en forma oblicua, puesto que el sol está siempre muy bajo en el horizonte.
La base Argentina Sobral, antes de que fuera cubierta por los hielos y quedara desactivada, registró la mínima temperatura absoluta de -67 ºC.
Por otro lado, tanto en las Orcadas y Shetland, como en las Georgias y Sándwich, fuera del sector Antártico, se presentan vientos invernales de hasta 100 kilómetros por hora, que acumulan sobre las costas témpanos de hielo desprendidos del continente por las corrientes marinas frías. Por esta razón, durante gran parte del año las islas se vuelven inaccesibles. La altura de la nieve es de casi un metro durante todo el año, y la temperatura en verano pocas veces supera el 0 ºC.
Curiosidades metereológicas
Uno de los fenómenos meteorológicos más conocidos del clima antártico es el viento blanco, más conocido como las fuertes ventiscas de nieve originadas por los poderosos vientos que azotan la superficie helada. Son como temporales sordos, sin truenos ni relámpagos, que arrastran a su paso la nieve endurecida, a veces durante varios días. En el argot antártico se les conoce como "blizzard".
Otra característica de la Antártida es la aparición de fenómenos ópticos. El espectáculo más extraordinario que se puede observar es la aurora austral, un fenómeno que ocurre en la alta atmósfera, por lo menos 100 kilómetros de altura, y se explica por la intensa actividad electromagnética en las cercanías del polo, que se combina con la elevada ionización de los gases en las capas superiores.
Otros fenómenos, no menos interesantes, son el "blanqueo", durante el cual no hay sombras; el "cielo de agua", que señala cuando hay agua libre en el mar helado; los "espejismos", en los cuales las imágenes se ven invertidas; los "halos", a los cuales pertenecen los "paraselene"; y el "resplandor de hielo", que es el que indica presencia de hielo desde lejos.