CUANDO AVANZAN LAS ARENAS
La Convención Internacional de Lucha contra la Desertificación define a este flagelo como la degradación de las tierras áridas, semiáridas y subhúmedas secas resultantes de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas.
La definición adoptada por la Convención se fundamenta en una concepción de la desertificación como un fenómeno integral que tiene su origen en complejas interacciones de factores físicos, biológicos, políticos, sociales, culturales y económicos.
La República Argentina ha suscripto en 1994 y ratificado en 1996 la Convención Internacional de Lucha contra la Desertificación, confiando en que esta nueva herramienta normativa se convierta en un instrumento válido para prevenir, combatir y revertir los graves procesos de desertificación que sufre nuestro país.
El deterioro de los recursos agua, suelo y vegetación asociado al fenómeno de desertificación modifica la capacidad de los ecosistemas de proveer servicios ecológicos esenciales. La evaluación de la desertificación plantea grandes desafíos a los ecólogos debido a la escala espacial y temporal a la que tienen lugar los procesos que determinan este fenómeno
Los ambientes áridos y semiáridos ocupan la mayor parte de la Argentina. Estos ecosistemas proveen una serie de servicios ecológicos esenciales para el sostenimiento de la vida humana y para el desarrollo de actividades productivas. El deterioro de estos ambientes afecta seriamente la capacidad de los ecosistemas de proveer estos servicios.
A través de imágenes satelitales comparando el verdor de los pastizales en Patagonia con el de otros pastizales similares en áreas clausuradas o protegidas del hemisferio norte, indican que el 82 por ciento de la zona muestra signos de desertificación en relación a su potencial productivo. De ese total, el 12 % presenta degradación leve; 17 %, moderada; y 53 %, severa.
La prensa, la opinión pública y las instituciones gubernamentales le han dado una gran trascendencia al problema de la desertificación, principalmente en la Patagónia en las estepas graminosas y las praderas húmedas patagónicas debido a su particular fragilidad o vulnerabilidad al deterioro.
Esta región, una de las más castigadas por los fenómenos de desertificación en nuestro país, presenta diferentes áreas ecológicas, la mayor parte de la región puede ser caracterizada como árida-semiárida, con lluvias que van de los 100 a los 300 mm. anuales, vientos moderados a fuertes del oeste que soplan en forma constante durante gran parte del año y suelos sueltos, con baja cobertura vegetal de escaso valor forrajero. El clima es de tipo continental, con veranos cortos y relativamente calurosos, e inviernos muy fríos.
Estas características ecológicas definen el perfil agropecuario de la región hacia una explotación ganadera de tipo extensiva, siendo la producción ovina la más importante, con aproximadamente ocho millones y medio de cabezas, siguiéndole en importancia el ganado caprino, con 800.00 cabezas.
Desarrollan su actividad en la región unos 10.000 productores agropecuarios, que cuentan como base de sus explotaciones al forraje proveniente del pastizal natural. En el Cuadro 1 se presenta el número de explotaciones ovinas por provincia y su estratificación según el tamaño de la majada.
ESTRATIFICADAS SEGÚN EL TAMAÑO DE LAS MAJADAS
| Nrº de Cabezas |
Neuquén |
Río Negro |
Chubut |
Santa Cruz |
Tierra del Fuego |
TOTAL |
| menos de 1.000 |
1.978 |
2.460 |
2.127 |
124 |
14 |
6.703 |
| 1.000 a 5.000 |
666 |
61 |
1.309 |
678 |
16 |
6.703 |
| 5.000 a 10.000 |
15 |
51 |
166 |
289 |
26 |
547 |
| más de 10.000 |
10 |
11 |
48 |
98 |
22 |
89 |
| TOTAL |
2.669 |
2.583 |
3.650 |
1.189 |
78 |
10.069 |
El principal rubro de producción agropecuaria es la lana de tipo fina con una producción anual de 57.000.000 de Kg., que representa el 50% del total nacional y se destina en su mayor parte a la exportación.
Hacia fines del siglo XIX y principios del XX comienza la introducción del ganado ovino en Patagonia. Hasta ese momento la Patagonia estaba cubierta por pastizales naturales, que a pesar de su baja productividad satisfacían las demandas forrajeras de la fauna herbívora nativa. El suelo, cubierto por la vegetación y restos orgánicos del excedente de forraje no consumido por los animales, se encontraba protegido de los agentes naturales erosivos (viento y lluvia). El sistema suelo-planta-animal se hallaba en un equilibrio estable.
La introducción del ganado lanar rompe el equilibrio natural preexistente. Además, una presunción excesivamente optimista en cuanto a la real receptividad de los campos de la Patagonia da como resultado la sobrecarga de los mismos. Comienzan a producirse cambios de enorme importancia en los pastizales, que en un principio resultan muy difícil de advertir y valorar. Estas modificaciones, muchas de ellas irreversibles, van afectando no solo la productividad de los pastizales sino también su persistencia.
Otros factores que contribuyeron al proceso de deterioro fueron, el corte indiscriminado de arbustos para leña, recurso indispensable para la población rural de muchas zonas de la región, agravada en aquellos lugares donde la extracción de leña se explota comercialmente, la prospección minera, la explotación de hidrocarburos y las obras viales.
Los efectos del sobreuso del recurso también se evidencian en el proceso erosivo que van sufriendo los suelos. Al perder gran parte de la cobertura vegetal que los protegía, quedan expuestos a la desecación, al viento, a las lluvias y al congelamiento invernal. Así, los suelos van perdiendo su componente orgánico, su fertilidad y su capacidad de absorción y retención de humedad. Como corolario y merced a la acción de los agentes erosivos se produce la manifestación más dramática de estos procesos: la formación de grandes masas medanosas y pavimentos de desierto.
El proceso descripto alcanza su máxima expresión en la actualidad con un pronunciado avance de la desertificación en gran parte de la región patagónica. El 30% de la superficie comprendida entre el paralelo 41 y el Estrecho de Magallanes se encuentra afectada por procesos erosivos eólicos e hídricos severos y graves afectando a seis provincias y un área estimada de más de 60 millones de hectárea de pastizales naturales.
La degradación de las tierras, la perdida de biodiversidad y la alteración del ciclo hídrico, tienen una importancia global, al disminuir significativamente la ganancia neta anual de consumo de carbono, con el consecuente efecto en lo económica.
La baja productividad de los pastizales ha llevado, junto a otros problemas, a una baja rentabilidad, lo cual a su vez realimento la presión sobre los recursos naturales; en lo social-cultural se manifestaron tendencias negativas, como el éxodo rural hacia las áreas urbanas, la disminución de la oferta calificada de mano de obra en el campo, el cierre de establecimientos ganaderos, la pobreza y naturalmente la perdida de tradiciones y valores y por ultimo, se ha visto afectada globalmente la calidad del ambiente, con una escasa o nula valoración del paisaje, fundamentalmente de estepa.
La región como un todo, carece de estrategias de capacitación sostenidas, tanto destinadas a productores, como a técnicos y decidores. Esta es una causa muy importante que impide lograr un aumento significativo y sostenido en la adopción de practicas de manejo sustentable ya disponibles y probadas.
A fin de combatir la desertificación en la Patagonia y complementar el Programa para el Desarrollo de la Ganadería Ovina Sustentable, el Gobierno de la Argentina ha iniciado, con la asistencia de PNUD (NACIONES UNIDAS), la formulación de un proyecto bajo lo operatoria"Manejo de Tierra" del FMAM (Fondo para el Medio Ambiente Mundial) (=GEF).
La información utilizada para realizar este reporte fu tomada de:
Informe de A. M. Weinstock COMUNICACION- FAUBA
Informe de la Convención Internacional de Lucha contra la Desertificación
Informe de Federico José Caeiro (h.)