Cruzamos el estrecho de Magallanes un poco a los corcovazos, ya estamos acostumbrados, estamos por los caminos de la provincia de Magallanes, el
clima patagónico me sigue convenciendo que los meteorólogos en el sur
realmente son brujos o timberos. Sin previo aviso estamos bajo un sol que
hace que los 110 km/h sean menos fríos y al abrir nuevamente los ojos paro
para calentar mis manos en el motor de la Mula.
El asfalto comienza a ser cada vez menos presente, ahora el príncipe es el
ripio que acompaña al rey viento, parece que los 40 bramadores viven al
costado de la RN 40.
Llegamos a las Torres del Paine, hermanas del macizo de El Chalten. Las
Torres aún no se dejan ver, reservan su vista para los que esperan. Nos
levantamos a la madrugada, ahí están. Las Torres arden con el sol matinal.
El día pasa entre celestes y blancos, luego la lluvia. Seguimos.
En el camino nos cruzamos con amigos que solo vemos cuando viajamos. Salimos
de Calafate rumbo al Chalten, el día es tan claro que permite ver el Fitz
Roy desde donde empieza la ruta RN 40, faltan todavía 200 km para tenerlo al
lado y él ya parece darnos la bienvenida. Es uno de mis lugares preferidos de
la Argentina.
Nos cruzamos con una pareja de Venezolanos que alquilaron una moto y vienen
bajando desde puerto Montt. ¡Es un pingo de primera, la Mula casi se enamora!
Empiezan los problemas. Faltando 100 km la Mula se queda coja, sello la goma
con un producto para el caso. No dura mucho, estamos en problemas,
esperamos. Paramos un camión que nos da aire, así llegamos hasta la gomería puff,
safamos.
Me quedo un par de días en El Chalten, donde aprovecho para tomar una cervecita en la
microcervecería. ¡Espectacular, y cuando es negra, mejor!
La intención es dejar a la Mula, bien atada, nos vamos a hacer un trekking
para tratar de sacar fotos a los hielos continentales con Simon, un galés
que conocí en el Calafate.
El clima nos trata muy bien en la salida, aunque llegando, el timbero le
erró a la ruleta y tremenda tormentita se nos desata, terminamos no pudiendo
ver nada, ni el camino de vuelta al día siguiente que se encuentra tapado
por la nieve.
Hora de seguir, hoy será un día especial. Amanece lloviendo. En la salida me
cruzo con Simon, quien no da ojos para el equipaje de la Mula. Ni bien estamos fuera del valle del río de las vueltas el clima es otro, el celeste parece tan cerca que se puede casi tocar. Paramos en Tres Lagos, llenamos el tanque y yo pregunto por más producto para los pinchazos, "mmm acá no hay nada y hasta P. Moreno... mm", más de 400 km y en medio solo Bajo Caracoles, no podemos pinchar.
Seguimos ruta, ahora el viento no está más a nuestras espaldas, sino de
costado, vamos a 40 km/h. El peor viento que nos ha tocado. El ripio no
ayuda. Las horas pasan y solo pensamos en no pinchar y llegar. Me duele el
cuello y los hombros. Entre todo esto, el cielo sigue tan celeste como
cuando empezó el día. Alrededor de las cuatro de la tarde paramos en un
casco aparentemente abandonado, sacamos algo de comer y aparece un paisano
seguido por otro quienes me invitan a pasar a su cocina. Mientras me cuentan
que están demoliendo el cielo raso y que quieren volver a Gallegos para
navidad, me convidan un par de mates que me sacan un poco el frío de encima.
Nos despedimos, próxima parada Bajo Caracoles.
Conseguimos el producto, un poco fuera de precio, compro dos, menos mal,
40 km y ya estamos usándolo, no duramos mucho, el pinchazo parece ser grande,
seguimos haciendo malabares, faltan solo 50 km, ya no da más. Entre todo el
mal trago un atardecer sobre los cañadones cercanos a P. Moreno. Se asemeja
todo a un paisaje lunar teñido por ocres y naranjas. Las nubes hacen maravillas del cielo patagónico. Con la oscuridad el viento se calma, lo que parecía ser desértico deja escuchar sus ruidos vivos. Entre ellos el de un motor. Algo viene. Para a mi lado, "güenas, ¿lo ayudo?", "Pinché Don, a no ser que tenga una rampa en la chata me quedo acá a dormir y mañana hago dedo con la rueda". "Tengo un par de tablones, la subimos?" La Mula disfruta de un paseo por la 40 arriba de una Ford 350, y yo? Arriba de la Mula claro, ¡los kilómetros los hago en mi moto!
M. Nicolás Olaciregui.
(Alias Nico)